Organización: Sandra Ceballos
CRÍTICOS: Magaly Espinosa, Lupe Álvarez, Rubén de la Nuez, Giselle Victoria, Suset Sánchez
COLECCIONISTAS QUE PRESTARON OBRAS: José Ángel Vincench, Jorge Luís del Busto, Dalia García Barbán
Fotos: Cortesía Sandra Ceballos, Espacio Aglutinador
Otros artistas participantes: Carlos Sarriá - España, Marina Vargas - España
WE ARE PORNO, SI
Primera anual
Inauguración 30 de mayo
PINTURA VÍDEO VÍDEO-PERFORMANCES FOTOGRAFÍA SERIGRAFÍA FOTO-PROYECCIÓN DIBUJO GRABADO ESCULTURA INSTALACIÓN CERÁMICA GRAFITIS
El arte y la guerra son las grandes manifestaciones de la sensualidad; de ellas florece la lujuria
Es preciso ser conscientes ante la lujuria. Es preciso hacer de la lujuria lo que un ser inteligente y refinado hace de sí mismo y de su propia vida. Es preciso hacer de la lujuria una obra de arte. *
Sandra - ¿Es posible hacer arte-pornográfico, eso pega?
Suset - Aquí habría que comenzar por otras interrogantes de signo ontológico, relativas a la definición de la naturaleza misma de lo "pornográfico", por no hablar de lo propiamente "artístico". Pero resulta aburrido ahora volver a la eterna duda que lleva a erigir conceptos, y retomar disquisiciones del ámbito de la filosofía y la teoría del arte.
En cualquier caso, y trasponiendo esas dudas primarias, me atrevería a afirmar en relación con tu pregunta que no sólo es posible, sino que lamentablemente ya existe ese tipo de producción. Si parafraseamos la observación de Baudrillard sobre la pornografía, entendida como sexo que es más que sexo, hipersexo; donde la imaginación ha fracasado ante la obviedad de la imagen; donde todo es más visible de lo visible, donde la obscenidad ha encontrado su reinado; entonces convendremos en que la sobre-exposición explícita del lenguaje y la imagen también es campo trillado dentro del arte contemporáneo. La metáfora parece haber fracasado en el juego de la seducción que implica el intercambio simbólico del arte, no en balde a veces resulta difícil distinguir entre el documento mediático y el arte mismo, cuando éste se apropia sin creatividad del lenguaje del otro.
Se suele decir que la casi totalidad de la industria pornográfica se manifiesta en una serie de productos repetitivos, aburridos, absolutamente predecibles. ¿Acaso es tan diferente ese hastío que nos provoca la pornografía al uso de aquel que nos invade ante una buena parte de la producción artística contemporánea que se exhibe obscena y tontamente en ferias, bienales, galerías y museos? ¿Acaso no es una parte del arte también repetitivo, aburrido y totalmente predecible? ¿Acaso no se vende a sí mismo como el pomo? ¿Acaso el mundo del arte, en su perímetro de circulación y legitimación no es vulgarmente masturbatorio -y digo vulgarmente porque carece de gracia, entusiasmo e iniciativa?
Sandra - Si los cubanos se venden al mundo como los más calientes del planeta, por qué crees que la pornografía se mantiene prohibida en Cuba, a pesar del turismo sexual.
Suset -Aquí nuevamente tendría que repararen qué entendemos por pornografía o por pornográfico, qué es hoy lo pornográfico, qué convierte una imagen en pornográfica. Si convenimos que la pornografía resulta explícita, es una sobre-exposición clínica de las imágenes donde todo se muestra sin dejar cabida a lo sugerido, me pregunto entonces qué puede ser más pornográfico que el propio discurso propagandístico político de la revolución cubana que se redimensiona siempre en un primerísimo plano, en un plano detalle en nuestras desvencijadas pantallas, a través de la caja del Caribe o del Panda.
Por otra parte, no creo que a los cubanos les haga falta la pornografía en su sentido más convencional, cuando la tienen y la viven a pie de calle como la única opción posible, como tampoco hacen falta los reality shows en barrios donde el chisme va más allá de cualquier espectáculo; cuando las becas de las escuelas secundarias y preuniversitarios en el campo son el espacio en el que muchos adolescentes conocen el sexo feroz, donde una orgía es algo cotidiano y común, donde profesores adultos ejercen su poder sobre los alumnos y alumnas ajenos auna conciencia del delito que cometen como pedófilos.
Sabemos que placer-sexo - pornografía no son equivalentes. Por qué entonces privara los cubanos de uno de los pocos placeres que les queda en tiempos de extrema penuria y represión proporcionándoles un material pornográfico que pro desconocido conserva el hálito de la ilusión; porqué sumara sus espaldas otra decepción. Pensemos en lo que constituyen prácticas habituales para el cubano, prácticas que exacerban la ilusión y el deseo por el cuerpo del otro: encontrar un espacio de privacidad donde acontezca el sexo, que es para muchos una odisea e implica un peregrinaje casi traumático. Ahora reparemos en los espacios que pueblan la fabulación del pomo: escaleras, ascensores, baños, aulas de escuelas... Esas opciones del imaginario que produce la industria pornográfica se convierten para el cubano de a pie en las únicas alternativas posibles, conscientes de que siempre puede estar cerca el ojo del voyeur, es decir, del rascabucheador.
No obstante, "ser caliente" no implica necesariamente una liberación de prejuicios y moralinas.
La lujuria estimula las Energías y desencadena las Fuerzas *
Sandra- Supuestamente la mujer cubana se presenta como independiente, desprejuiciada, liberal hasta puta por naturaleza (según imagen fabricada por los medios de difusión), etc. sin embargo, se envió la convocatoria de esta exhibición a hombres y también a un buen grupo de mujeres artistas y no artistas obteniendo, para mi sorpresa, como respuesta la apatía, el temor y el recato de estas ante dicha propuesta. ¿Será verdad eso de que perro que ladra no muerde? ¿A qué piensas que se deba esta actitud pasiva y no comprometedora, con respecto a este tema, por parte de la mayoría de las mujeres artistas que fueron invitadas?
Giselle- ¡Jau! ¡jau.! Poruña parte, no creo en ciertos estereotipos formados de la mujer cubana (y podría decir del Caribe y América Latina en general) que la resuelven como "la caliente" o "vampiresa sexual", o sea, quede por sí o por naturaleza es puta. ¡Qué va! Los años de colonización no fueron en vano: si bien, sirvieron para formar esta visión de los colonizados en el viejo continente, también bastaron para llevar a cabo la recta educación de los valores y dogmas de la religión cristiana en gran medida "hipersensibles" respecto al sexo.
Por otra, la pregunta (da por sentado la "actitud pasiva y no comprometedora") me ha dejado tres salidas: consultar una adivina, algún Ifá, palero, etc.; la especulación; y la mitologización o "metatranca" del "chisme". Tin marín de dos pingües...: la tercera. Dicen que la pomo... es un deporte de "machos". No es extraño, vivimos en un "mundo de hombres". De todos modos, ni caso. Tampoco creo que la reserva que sorprendes en ellas represente una puritanismo hipócrita para "guardar la apariencia"; la cuestión va más allá, pienso, tiene que ver con el significado y la repercusión social peyorativa del término pornografía (y sus derivados: pornográfico (a), "pornograficidad", etc.) en el orden de la sociedad, que desde su propia definición etimológica -sabemos que el término se desprende del griego pornographos, porné: prostituta y grafein: escribir- es negativa a la vista de la ideología socio-cristiana, y, por lo tanto, enjuiciado asimismo por la conciencia tradicional en su distinción de lo que es moralmente "correcto" de lo "incorrecto", lo bueno de lo malo, etc., pensado desde un sistema de valores enraizado desde antaño por la iglesia católica. Y la cosmovisión de la conciencia social cubana, quiérase o no, le debe bastante a los dogmas religiosos, sean de la católica o de la protestante.
Respecto al arte y la literatura pornográfica, algunas publicaciones han definido posibles límites entre lo erótico y lo pornográfico. Límites diversos, relativos y, a veces, muy opacos; ¡qué más da! si se sabe que existe una raya marcada, en cierta medida, por la libido de su receptor, de acuerdo con Jerzy Ziomek en su ensayo La pornografía y lo obsceno (Revista Criterios, La Habana, n° 25-28, enero-diciembre 1990, pp. 244-264, en: Soporte Digital), al acertar una connotación despectiva, contraria a la "calidad" del erotismo artístico: el arte pornográfico es definido como una manifestación particular de erotismo bajo. Pero a lo que tú convocas, según me dices, no es a una expo "de" pornografía, sino "sobre" pornografía, obviamente, ¡je! ¡Semejante confusión de términos puede sonar violento!
La lujuria es una fuerza. *
Sandra- Teniendo en cuenta que en estos últimos tiempos existe de nuevo una tendencia dentro del arte en Cuba a teorizar, a fabricar filosofía parlante, crear talleres de todo - o casi todo - y una repentina o emergente necesidad de tener criterio y además expresarlo: ¿Crees que se podría hacer un ciclo de conferencias sobre arte-porno en Criterios, o crear un taller en el ISA con el tema?
Magaly- La pornografía en nuestro país tiene una circulación muy limitada, no hay revistas, pocas películas tratan el tema, aunque el límite entre pornografía, sexo, arte y arte erótico, ya es muy impreciso, y en cierta medida ha penetrado nuestro imaginario, por vías muy diversas y a través de fenómenos artísticos o de la propia vida cotidiana. Quizás esta es una de las cosas más interesantes a considera: ¿Cómo coexisten estos niveles? Como dicen Stefan Morawski. "...una obra de arte nunca puede ser un objeto obsceno..." Todo está en que sea obra de arte y no una justificación para llamar la atención sobre un tema tan atrayente como el sexual. Sobre esa base cualquier nivel institucional para agrupar el arte pomo debe ser acogido, solo que no se me ocurre, dónde ello sería posible.
A las culturas falocéntricas, como la nuestra, les viene bien un poco de educación en el tema y además solo ver enormes nalgas en una licra muy apretada, ya es más agresivo que la presencia de las mismas nalgas sin licra, en una obra de arte. Así que el tema da para una Cátedra, un taller o un evento.
¡Destruyamos las siniestras baratijas románticas, las margaritas desojadas, los dúos bajo la luna, los falsos pudores hipócritas!*
Sandra - ¿crees que todas las personas somos pornográficas, en particular: te consideras pomo?
Lupe -Aunque sí veo pornografía de vez en cuando, a veces me aburre, a veces la disfruto... pero me gusta más el pliegue y lo que puede imaginarse de una situación... por lo que pienso que soy menos pornográfica de lo que yo misma podría imaginar, si entendemos por pornográfica la exposición desnuda y sin ambages de la actividad sexual con fines de excitar e inducir al acto sexual aunque sea para auto satisfacción.
Mira ya tienes alguna respuesta nena. Así es, pero sí te puedo afirmar que aunque sea de forma diferente y parezca pedantería, me excita más un argumento sofisticado y una disquisición sugestiva que una escena pornográfica y es mejor claro que sí, una imagen erótica y sugerente que lo que se llama - ya la verdad que no sé si la palabra es de aquí o de allá- un pellejo.
Es preciso despojar a la lujuria de todas las veladuras sentimentales que la deforman. *
Rubén -¿Por qué la institución-arte aún se defiende de lo pornográfico?
Rubén - Primeramente, debemos tomar en cuenta que la noción de lo pornográfico responde sólo a un momento y a un lugar específico dentro del llamado canon occidental. Este término decimonónico apareció como una cruzada victoriana contra la "obscenidad". Antes no existía aparato legal o ético alguno contra los objetos ulteriormente calificados como pornográficos. Cuando en esa misma época se redescubrió la ciudad de Pompeya, su abundante iconografía del sexo sobreexpuesto fue confinada al llamado "Gabinete Secreto" del Museo Nacional de Arqueología de Nápoles, y a ciertas estancias, también secretas, del Museo Británico. Por suerte, los frescos no fueron destruidos y es hoy lo único "afrodisíaco" que se puede apreciar de dicha temática en las ruinas de esta ciudad romana. El Gabinete Secreto quedó abierto al público de forma definitiva en el tardío año 2000. Desde entonces, la imaginería destinada a la representación naturalista del sexo y a su función psico-estimuladora, han ido quedando en zonas residuales de nuestra cultura. En cuanto a su aspecto representacional, la vergüenza judeocristiana se encargó de ilegitimizarlo. Ese estigma contra un proceso natural de la condición humana, fue precisamente el que le dio el carácter institucional diferenciado a la pornografía.
Como expresara Susan Sontag en su cardinal ensayo La imaginación pornográfica, "la efusión de la pornografía en la sociedad contemporánea es el antídoto demótico contra su carácter hipócrita y represivo". Paradójicamente, la rentabilidad de la pornografía se debe a su "canonización" como pecado. Todos los pecados son seductores. Y no existe seducción sin pecado concebida. Por su parte, el aspecto funcional fue el resultado de la propia secularización institucional alcanzada en la Modernidad. Esta secularización liberó al arte de los fatigosos encargos socio-funcionales. Sin embargo, ¿qué hacer con la función de tonificador sexual que, por ejemplo en la tradición grecolatina, había compartido en muchos objetos, y de forma desjerarquizada, con las funciones artística, mística, lúdicra y didáctica? A partir de la Modernidad, se define un nuevo espacio institucional para esta alienada función.
A pesar de esta circunstancia, ahora execramos la pornografía con los mismos términos con los que enjuiciaríamos a una mala obra de arte, cuando en realidad responden a otro registro, definido por su comitente, su sistema de valores y su dinámica instrumental. Por supuesto, un objeto pornográfico es más efectivo cuando emplea de forma creativa los instrumentos artísticos. Pero lo mismo ocurre cuando un vibrador tiene un diseño original. Se trata de meros elementos estructurales. Lo esencial del arte, el privilegio de su función alegórica, no ha lugar en la pornografía. A la pornografía no le falta arte; le sobra utilidad. Para que cumpla su cometido, debe ser tan predecible como el comienzo y el final de un cigarro.
Ahora bien, ¿por qué la institución arte, después de haber redefinido y ampliado sus límites en las últimas décadas, continua percibiendo lo pornográfico con una actitud cercana al puritanismo Victoriano antes referido? Para responder a esta pregunta, debo esclarecer qué referimos hoy por "pornográfico", pues su noción también se ha redefinido con el tiempo.
Comúnmente se suele definir lo pornográfico como el grado explícito de lo erótico. Sin embargo, los materiales visuales clasificados como soft-core no explicitan el sexo de forma gráfica y sin embargo, no son por ello menos pornográficos, pues privilegian del mismo modo la función estimuladora. Al contrario, un filme como El imperio de los sentidos es asumido como una obra de arte a pesar de que las escenas de sexo son reales y explícitas. Difícilmente un consumidor promedio de pornografía incluya este filme franco-japonés en su colección. Por tanto, a pesar de la propia etimología, un objeto clasificado como sexualmente gráfico, paradójicamente, no es por definición un objeto pornográfico. De modo que queda el aspecto funcional, como la clave para tal definición.
A partir de este razonamiento, pudiéramos pensar que la institución arte no tendría a mal aceptar como parte de su patrimonio a aquellos objetos que aunque sean sexo-explícitos privilegien su función alegórica, su condición kantiana de "finalidad sin fin". Sin embargo, desde los inicios de la Modernidad la institución arte ha intentado desmarcarse de los objetos que desde el punto de vista de su lenguaje se asemejan a la pornografía. No los censura, los escamotea. Se puede escribir otra historia del arte occidental con una vasta producción de objetos "sexográficos" que los museos de arte han preferido ocultaren sus bóvedas o exhibir tímidamente en muestras temáticas sobre erotismo, o como documentos históricos o curiosidades etnográficas. Este arsenal pudiera incluir obras desde Carracci hasta Picasso, pasando por un extenso inventario de artistas cruciales de los cuales desconocemos su "pornocidad".
La Modernidad, además, ha mundializado su "castidad" con consecuencias devastadoras. Cuando pensamos, por ejemplo, en la cultura oriental tradicional quizás los principales referentes que tenemos en nuestra memoria están relacionados con la naturalidad con la que representaban su vida sexual: el Kama Sutra, las pinturas eróticas chinas de la dinastía Ming, o las japonesas conocidas como shunga. Todo esto pasó a formar parte de una cultura underground, o simplemente desapareció cuando en el siglo XIX estos países sufrieron su occidentalización y ocultaron estas tradiciones, por considerarlas el testimonio de un pasado bárbaro. Hoyen día, apenas comienzan a aparecer los besos en las pantallas de la industria cinematográfica india, la mayor del mundo. En cuanto a China, sus pinturas eróticas no parecen existir, ni en los principales museos de arte, ni siquiera en sus sex-shops (legales, por cierto). El sexo en China es un tema casi tabú, aún y cuando la prostitución es galopante. Algunos estudiantes universitarios me han preguntado, con vergüenza ajena, si es cierto que en Cuba los hombres profieren frases con alusiones sexuales a mujeres desconocidas, en sitios públicos. El porno-piropo es, además del equipo femenino de voleibol, el principal referente de Cuba para los chinos. Por el contrario, la industria pornográfica japonesa es de las más fuertes. Aún así, resulta curioso el hecho de que, mientras los shunga se caracterizaban por la sobredimensión de los órganos genitales, la pornografía japonesa se distingue por ocultarlos tras un efecto de mosaico; la hoja de parra de la era digital.
A inicios de los setenta, a raíz del fenómeno Garganta profunda, muchos intelectuales vaticinaron que las fronteras entre la naciente industria del cine pornográfico y la del cine del main stream se diluirían. Se pensaba que una nueva sensibilidad sexual, en una era post-secular, desterraría el inútil concepto de "obscenidad" del espacio del sexo y su representación. Ese fue el único momento en que el mundo artístico y literario -desde Jack Nicholson hasta Truman Capote-consideraba "chic" ir a ver cine pornográfico. Por su parte, el arte de vanguardia ya tenía un camino recorrido en cuanto a la convergencia de territorios históricamente estratificados. Andy Warhol, quien expresaba abiertamente su devoción por la pornografía, la colocó en el centro de sus palimpsestos entre alta y baja cultura. La serie de filmes experimentales que realizo entre 1963 y 1968 eran clasificados como hard¬core, pero encontraban su espacio en el circuito galerístico. Por su parte, el arte conceptual parecía estallar las paredes de la galería, y dejarse inundar por "el reino de este mundo". En el mismo año 1972 en el que se estrenaba Garganta profunda, Vito Acconci realizaba en la Sonnabend Gallery, de Nueva York su performance-instalación Seedbed. En esta obra, el artista se masturbaba debajo de una rampa de madera por la que caminaban los visitantes, mientras vociferaba sus fantasías sexuales. Me pregunto hasta que punto, estos productos del arte de la vanguardia pudieron haber influido, en la legalización de la pornografía en los Estados Unidos en 1969.
Contrario a tales expectativas, la institución arte ha mantenido su relativo blindaje con respecto al sexo explícito. Se trata entonces, de un mero asunto de posicionamiento y delimitación institucional. Aunque el sentido del arte y la pornografía son diametralmente opuestos, se asemejan demasiado como artefactos lingüístico-narrativos. Para mantener la debida distancia la institución arte ha colocado lo erótico y lo pornográfico en una falsa oposición binaria, como si el uno se definiera por la negación del otro. La representación de la violencia tiene las puertas abiertas en las coordenadas del arte. La espada de Judith penetrando el cuello de Holofemes no resulta obscena. Cuenta con una extensa iconografía, imprescindible en cualquier libro de Historia del Arte. Sin embargo, el pene de Júpiter penetrando a Juno se extravía en los "anales" del tema erótico. Los genitales y su funcionamiento no pertenecen al arte sino a la ciencia y la pornografía. Esto me hace recordar una pieza que Lázaro Saavedra concibió para la exposición ¿Arte Sexo? Lo erótico en el arte, (1989, Facultad de Artes y Letras, Universidad de La Habana), en la que la ilustración de un órgano genital femenino, extraído de un manual de anatomía, es colocada en el contexto artístico y acusada de pornográfica. Abrir los marcos institucionales del arte a lo que hoy sólo vive en la pornografía, no significa conferirle legitimidad artística a la reproducción de modelos de dominación masculina y otras calamidades típicas de la industria pornográfica de hoy. Significa recuperar un imaginario que históricamente pertenecieron a la esfera de lo artístico; evitar el extrañamiento cada vez que consultamos un catálogo de Jeff Koons o las más "descarnadas" fotografías del Portafolio X de Robert Mapplethorpe, como si la exploración del cuerpo humano y sus límites sexuales fuesen harina de otro costal.
* Tomado del Manifiesto Futurista de la Lujuria por Valentine de Saint-Point
CRÍTICOS INVITADOS AL CATÁLOGO
(22) Suset Sánchez
(28) Lupe Álvarez
(9) Magali Espinosa
(1) Giselle Victoria
(5) Rubén de la Nuez
AGRADECIMIENTOS
Ornar Pascual / Magaly Espinosa / Teresita Rodríguez / Carlos Rodríguez / José Veigas
Rubén Cruces / Irvin Alfaro / Fidel Fernández / Linda Howe / Jesús Ravelo.
OBRAS EN COLECCIÓN
Jorge Luís del Busto
1-Servando Cabrera Moreno
Gran torso 1964 Óleo sobre tela, 200 x 163 cm
2-Servando Cabrera Moreno
Blanco en la calle Ronda, 1976
Tempera sobre cartulina, 74 x 100 cm
3-Tomás Esson
Sin título,
Acrílico sobre cartulina, 92 x 100
José Ángel Vincench
1-Tomás Esson
Sin título, 1982
Dibujo a grafito sobre cartulina, 49 x 35 cm.
Dalia García Barban
1-Chago Armada
Falo en atención, 1068
Tinta sobre cartulina, 50 x 36 cm
2-Chago Armada
La Luna como tibor, 1991
Tinta sobre cartulina, 33 x 33 cm
Idea original y curaduría de Sandra Cebados (36)
Montaje: Anthony Lester y Emilio Cebados.
Foto-documentación: Natalia Triana Sheketera.
Diseño de catálogo: Orlando S. Silvera Hdez. (22)
Calle 6 No. 602 el 25 y 27, Vedado, C. de La Habana, Cuba.
Teléfono: 8302147
E-mail: resacos@cubarte.cult.cu
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